1…
El mirlo canta en los bosques de Cilgwri
Como un río sobre piedras mohosas,
No es viejo como el sapo de Cors Fochno
De piel fría sobre partes huesosas.
Hay pocos escritores tan profundamente comprometidos con su tierra natal como R. S. Thomas, un nacionalista irlandés cuyos poemas, observando, discutiendo, extasiándose y mitologizando, tratan de convertir a la nación, escribiendo, en un ser lírico y fiero. Sin embargo, ese mismo R. S. Thomas escribe también:
El odio necesita tiempo
Para crecer, y el mío
Ha aumentado desde que nací;
No hacia la tierra bruta…
Descubro
Que es un odio hacia mi especie.
Es sorprendente encontrar una admisión de algo parecido al odio a sí mismo en los versos de un bardo nacional. Sin embargo, quizá sea ese el único tipo de nacionalista que puede ser un escritor. Cuando la imaginación gana vista por la pasión, ve tanto la oscuridad como la luz. Sentir tan ferozmente es sentir desprecio además de orgullo, odio además de amor. Esos desprecios orgullosos, ese amor que odia, hacen que el escritor se gane con frecuencia la ira de la nación. La nación necesita himnos, banderas. El poeta ofrece discordia, trapos.
2…
Se han hecho conexiones entre el desarrollo histórico de las “narrativas” gemelas de la novela y del Estado-Nación. Se compara el progreso de una historia, a través de sus páginas hacia su objetivo, con la autoimagen de la nación moviéndose a través de la Historia hacia su destino manifiesto. Por atractivo que sea el paralelo, en estos días no me lo tomo al pie de la letra. Hace once años, en el famoso congreso del PEN en Nueva York, los escritores del mundo debatieron sobre “La imaginación del escritor y la imaginación del Estado”, un tema de grandeza maileresca, inventado, naturalmente, por Norman Mailer.
Sorprendente cuántas formas había de leer ese pequeño “y”. Para muchos de nosotros significaba “frente a”. Los escritores sudafricanos ―Gordimer, Coetzee―, en aquellos días del apartheid, se oponían a la definición oficial de na-ción. Quizá rescatando a la verdadera nación de los que la tenían cautiva. Otros escritores estaban más sintonizados con sus naciones. John Updike entonó un himno de alabanza a los pequeños buzones de correos de Estados Unidos, emblema, para él, de la libre transmisión de ideas. Danilo Kiš dio un ejemplo de chiste “estatal”: una carta que recibió en París, enviada desde lo que entonces era aún Yugoslavia. Dentro del sobre cerrado, estampadas en la primera página, las palabras ESTA CARTA NO HA SIDO CENSURADA.
3…
La nación hace suyos a sus mayores escritores (Shakespeare, Goethe, Camoens, Tagore), o trata de destruirlos (el exilio de Ovidio, el exilio de Soyinka). Ambos destinos son problemáticos. El silencio de la reverencia resulta inapropiado para la literatura; la gran literatura hace un gran ruido en la mente, en el corazón. Hay quienes creen que la persecución es buena para los escritores. Es falso.
4…
Cuidado con el escritor o escritura que se presenta como la voz de una nación. Esto incluye naciones de raza, género, orientación sexual y afinidad electiva. Incluye el Nuevo Ennombrismo. ¡Cuidado con los ennombristas! El Nuevo Ennombrismo exige elevación, acentúa lo positivo, ofrece una instrucción moral conmovedora. Detesta el sentido trágico de la vida. Al considerar a la literatura como ineludiblemente política, sustituye los valores literarios por valores políticos. Es el asesino del pensamiento. ¡Cuidado!
5…
Que conste que mi pasaporte es verde.
América, arrimo mi hombro a la rueda
Para forjar, en la forja de mi alma,
La conciencia no creada de mi raza.
La Albania de Kadaré, la Bosnia de Ivo Andrić, la Nigeria de Achebe, la Colombia de García Márquez, el Brasil de Jorge Amado: los escritores son incapaces de rechazar el señuelo de la nación, sus oleadas en nuestra sangre. La escritura es como trazar mapas: la cartografía de la imaginación. (O, como la moderna teoría crítica podría decir, Imagi/Nación.) En la mejor literatura, sin embargo, el mapa de una nación se convertirá en mapa del mundo.
6…
La Historia se ha hecho debatible. Después del Imperio, en la Edad de las Súperpotencias, debajo de la “huella” de las simplificaciones parciales que nos transmiten desde satélites, no podemos ponernos de acuerdo fácilmente sobre qué es lo que pasa, y mucho menos sobre lo que podría significar. La literatura entra en ese cuadrilátero. A los historiadores, los magnates de los medios de comunicación, los políticos, no les interesa el intruso, pero el intruso es de tipo obstinado. En esa atmósfera antigua, sobre la tierra pisoteada, en esas aguas cenagosas, tiene que hacer su trabajo.
7…
El nacionalismo corrompe también a los escritores. Véanse las venenosas intervenciones de Limonov en la guerra de la ex-Yugoslavia. En una época de nacionalismo definido cada vez más estrechamente, de tribalismos enmurallados, se verá a los escritores lanzando los gritos de guerra de sus tribus. Los sistemas cerrados han atraído siempre a los escritores. Es por eso por lo que hay tanta literatura sobre las prisiones, fuerzas de policía, hospitales, es-cuelas. ¿Es la nación un sistema cerrado? En este momento internacionalizado, ¿puede algún sistema permanecer cerrado? El nacionalismo es esa “revuelta contra la Historia” que trata de cerrar lo que no puede ya cerrarse. De poner vallas a lo que no debería tener fronteras. Escribir bien supone una nación sin fronteras. Los escritores que sirven a las fronteras se han convertido en guardianes.
8…
Si la literatura se vuelve repetidas veces hacia la nación, se aparta de ella de forma igualmente repetida. El intelectual deliberadamente desarraigado (Naipul) considera al mundo como solo puede hacerlo una inteligencia libre, yendo a donde pasan cosas y ofreciendo reportajes. El intelectual desarraigado contra su voluntad (categoría que incluye hoy a muchos de los mejores escritores en árabe) rechaza los estrechos recintos que lo han rechazado. Hay una gran pérdida y mucha añoranza. Pero hay también una ventaja. La nación sin fronteras no es una fantasía.
9…
Una gran parte de la buena literatura no tiene necesidad de la dimensión pública. La esfera pública no es nada para Elisabeth Bishop. Su prisión ―su libertad―, su tema está en otro lado.
Canción de cuna,
Que las naciones rabien,
Las naciones se hundan.
La sombra de la cuna es una enorme jaula
Sobre el muro.
VOCES CUBANAS