LA PROPIEDAD: UN PROBLEMA MEDULAR. (Dimas Castellanos)

Publicado: 13 noviembre, 2010 en N.3

LA CRISIS cubana continúa profundizándose. Las ataduras ideológicas, los intereses creados y la vocación totalitaria se alzan como obstáculo ante las transformaciones que la sociedad requiere, a ello se añaden la incomprensión del papel del tiempo en los procesos sociales, el errado camino para fomentar una economía eficiente y una evidente falta de voluntad política. Por todo ello, los cambios que en un momento eran factibles de realizar en una esfera particular hoy resultan imposibles, pues la profundidad de la crisis y su carácter estructural demandan una reforma integral. La economía cubana, cuyo nudo gordiano radica en las relaciones de propiedad, constituye una prueba de esa necesidad.

A diferencia de la vida animal, los seres humanos dotados de la capacidad cognitiva y de comunicación propia de su especie, no comienzan de cero sino que cada generación se apoya en la cultura acumulada. Durante de miles de años la economía, que surgió a la par con el género humano, fue atesorando experiencias y conformando las normas que regulan su funcionamiento. Gracias a la cultura, el hombre de hoy tiene muy poco en común con sus antepasados, mientras el chimpancé, el animal de mayor similitud con los humanos, vive y hace lo mismo que hace cientos de miles de años.

Mucho antes de que la psicología deviniera ciencia y describiera el papel del interés en las actividades humanas, las relaciones económicas habían demostrado que éste constituye una poderosa fuente de motivación, sin la cual es imposible obtener avances productivos de forma sostenida. Cuando un sistema político altera arbitrariamente esa realidad, la terquedad de las leyes económicas conduce a resultados como el de la crisis estructural en que nos encontramos. La ideología es un fenómeno más reciente. Surgió precisamente gracias al desarrollo alcanzado por las relaciones económicas, en especial por las de propiedad. La misma interactúa con la economía y puede servir tanto de acelerador como de freno, en dependencia de la comprensión que los sujetos tengan de sus leyes y funciones. Es injustificable que en pleno siglo XXI, en medio de la globalización y de la sociedad de la información, los gobernantes cubanos, aferrados a una ideología, se comporten como las especies animales, repitiendo lo que la humanidad ha demostrado a lo largo de su existencia y ha acumulado y organizado en bancos de datos informativos puestos a su disposición.

La propiedad privada emergió de las primeras formas de vida comunitaria, se extendió con la esclavitud, cambió de forma con el feudalismo, volvió a mutar con el sistema capitalista y, en los pocos espacios que el socialismo totalitario le ha permitido subsistir, ha demostrado ser una forma altamente eficiente para el desarrollo económico. Lo que ha cambiado con el tiempo y seguirá cambiando es la proporción en que se redistribuye lo producido. Es decir, lo referido a la justicia social, que emana de la redistribución pero que no depende sólo del producto global creado, sino también de otros factores como las diferencias naturales de las personas, la disposición y aptitudes, y del capital invertido y la tecnología. El producto del trabajo, por tanto, no le puede corresponder íntegramente al productor, que sin duda es un factor esencial pero no el único que interviene y hace posible la redistribución. Si la propiedad privada ha sido empleada para la explotación de unos hombres por otros, la solución no está en abolirla sino en perfeccionar la forma de redistribución del producto del trabajo.

La violación de ese principio desnaturaliza la economía y la convierte en prisionera de la ideología, que es lo mismo que condenarla a muerte, como lo evidencian los disímiles proyectos de socialismo basados en la imposición artificial de la propiedad del Estado. En la Unión Soviética terminó en un rotundo fracaso. En China condujo al hambre generalizada hasta que emprendieron las reformas que la han convertido en uno de los motores de la economía mundial. En Vietnam, el sistema de economía planificada sumió al país en la miseria hasta que iniciaron la Renovación Vietnamita, con la cual se logró un aumento sostenido de la producción y la productividad hasta ocupar mundialmente el segundo lugar en la exportación de arroz, por lo que Estados Unidos dejó de oponerse a la concesión de créditos, suspendió el embargo y estableció relaciones diplomáticas. Corea del Norte no califica, pues se trata de un socialismo feudal-esclavista en fase final. Y Cuba ha logrado sobrevivir gracias a la subvención solidaria proveniente de alianzas ideológicas.

A la propiedad sobre la tierra o sobre los medios de producción hay que agregar el conocimiento. La revolución tecnológica en la información y la comunicación está transformando la sociedad industrial en sociedad de la información, y la economía industrial en economía informacional. Esos cambios se interponen en el intento totalitario de someter el derecho universal a la educación y la información a la ideología. La Universidad no puede ser solo para los revolucionarios y la información no puede estar supeditada a los intereses ideológicos del Estado. El Presidente cubano ha reconocido que en nueve años el área cultivable del país se redujo en una tercera parte; que sin que las personas sientan la necesidad de trabajar para vivir… jamás estimularemos el amor por el trabajo; que sin la conformación de un firme y sistemático rechazo social a las ilegalidades y diversas manifestaciones de corrupción, seguirán, no pocos, enriquecidos a costa del sudor de la mayoría; que si mantenemos plantillas infladas en casi todos los ámbitos del quehacer nacional y pagamos salarios sin vínculo con los resultados, no podemos esperar que los precios detengan su acenso constante, deteriorando la capacidad adquisitiva del pueblo.

Sin embargo, la respuesta se ha limitado a la promulgación del Decreto Ley 259 sobre la entrega en usufructo de tierras ―que el Estado fue incapaz de hacer producir― a los campesinos capaces de hacerlo; la reforma laboral que dejará sin empleos a más de un millón de trabajadores; y un listado, de naturaleza feudal, de actividades por cuenta propia que prácticamente se limita a cobrar impuestos “sobre los ingresos personales, sobre las ventas, los servicios públicos, y por la utilización de la fuerza de trabajo, además de contribuir a la Seguridad Social”, con una carga de regulaciones y limitaciones que impiden al cuentapropismo desempeñar un papel importante en la producción y los servicios. En cambio, nada se dice del derecho de asociación de estos trabajadores (que entran a un escenario sin organizaciones independientes del Estado que los representen) y mucho menos del de fomentar pequeñas y medianas empresas. Para estimular el crecimiento de ese sector, en vez de tratar de evitar la formación de un empresariado nacional, habría que añadir una política caracterizada por bajos impuestos fiscales, créditos bancarios, creación de un comercio mayorista, derechos de asociación y de acceso libre a la información, lo que implica la implementación de los derechos humanos, base de la dignidad de la persona. Sólo así se puede convertir al cubano en sujeto interesado por los cambios. La concepción integral de la propiedad es el camino para el desarrollo económico sostenido y sostenible y para la formación de un empresariado nacional. En Cuba, pensadores y políticos de todas las épocas se preocuparon por el fomento generalizado de la pequeña y mediana propiedad. Basta citar al Obispo Juan José Díaz de Espada, a José Antonio Saco, Francisco de Frías, Enrique José Varona, Julio Sanguily y Manuel Horta Duque, y por supuesto, entre ellos a José Martí, quien consideraba que es rica una nación que cuenta con muchos pequeños propietarios. Ellos y otros argumentaron la importancia de fomentar una economía diversificada de pequeños productores agrícolas y la formación de una clase media nacional. Si el fin de cualquier modelo social es el ser humano, las relaciones económicas y dentro de ellas las de propiedad constituyen un medio subordinado a ese fin. Por tanto, en cualquiera de sus formas, la propiedad tiene una función social que consiste en incentivar el desarrollo de la economía para la vida humana. La disyuntiva no radica en la elección de una u otra forma, sino en la capacidad para considerar, en determinada época, lugar y condiciones, cuál o cuáles de las formas es más ventajosa para el desarrollo, lo que hace de la institución de la propiedad un fundamento del orden social. Todos coincidimos en que Cuba necesita de una economía eficiente, pero ese propósito resulta inviable si los productores están vedados de ser propietarios, de recibir un salario para satisfacer las necesidades más elementales, de tener acceso libre a internet y gozar de derechos tan elementales como la libertad de asociación para la defensa de sus intereses. Se impone convertir la propiedad y los salarios en palancas del desarrollo económico, y la única garantía de lograrlo está en la implementación de los derechos humanos. La ratificación de los pactos de derechos humanos firmados en el año 2008 y la adecuación de la legislación interna en consonancia con esos documentos constituyen premisas insoslayables para salir de la crisis actual. En este sentido hay que volver la vista a la Constitución de 1901, que reconoció las libertades de expresión, de palabra o escrita, por medio de la imprenta o por cualquier otro procedimiento; los derechos de reunión y de asociación y la libertad de movimiento para entrar y salir del país. También a la Constitución de 1940 que, con la anuencia de los comunistas participantes de la Constituyente, agregó a la de 1901 la declaración de punible a todo acto de prohibición o limitación del ciudadano a participar en la vida política de la nación, así como la existencia y legitimidad de la propiedad privada en su más alto concepto de función social.

Para ello basta que el Gobierno, propietario de casi todos los medios de producción, asuma la voluntad política necesaria, sitúe al ciudadano en primer lugar, y proceda a desatar el nudo gordiano de las relaciones de propiedad, conjuntamente con cambios integrales, para que de la profundización de las actuales reformas renazcan las pequeñas y medianas empresas, la diversidad de formas de propiedad y la conformación de una clase media nacional.

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Comentarios
  1. Hipolito H dice:

    Interesante el comentario que nos brinda Dimas Castellanos. La solucion a nuestros problemas es simple y sencilla; derogar la constitucion llamada socialista del 76 e implantar
    la de 1940. La Consitutucion actual es totalmente contraria al desarrollo del pais, por cuanto prioriza la sumision de los ciudadanos a los dictados de un partido unico donde no existe la separacion de poderes. Es el estado socialista en si mismo quien frena y no da cabida al desarrollo del pais al coartear las libertades de los ciudadanos. Europa del Este y la enificiencia de aquel sistema fue debido a la ineficiencia de este para generar riquezas. El estado, metido en todo lo que no debia, hizo de estos paises los mas inefiencites del continente. No busquemos mas argumentos; la solucion a la propblematica cubana tiene su origen en las faltas de libertades individuales y sociales.

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